Floja incursión en el mundo teatral de Alex de la Iglesia.
Se
echa en falta un poco más de mordida sobre temas más actuales y no tanto jijijaja sobre otros absolutamente banales.

Sin duda los actores salvan la obra con alguna que otra escenificación memorable, como las escenas musicales de la jota o de los panchos.

Si me tuviera que quedar con algo, sin duda sería con la magnífica decoración, totalmente surrealista, del piso en el que transcurre la obra.